La
obra de arte es el producto que obtiene el artista en su trabajo, a través del
cual éste nos expresa la totalidad desde ella. De esta manera, nos damos cuenta
de que la obra es aquello que intenta mostrar de una manera o de otra, sea
desde el arte que sea, la realidad en su forma más plena. Por ello se dice que
la obra de arte es esa creación que nos deja sin palabras, debido a que cuando
nos situamos ante un producto de semejantes dimensiones y lo contemplamos con
detenimiento nuestro ser queda «apabullado» por tal expresión de realidad en un
«lugar» tan reducido; ¿qué nos queda por decir cuando nos situamos frente al
Partenón griego o frente a una escultura de Donatello?
El artista con su labor «descubre»
y «crea». «Descubre» lo más intimo y profundo de la realidad, hace que el
espectador perciba lo imperceptible, pero al mismo tiempo también «crea»
«nuevos mundos», ya que con la obra se establecen marcos de referencia de la
totalidad hasta entonces inexistentes.
Obras de arte hay muchas,
pero no cualquier obra es «obra maestra», algo que se puede comprobar yendo a
un museo, en donde hay muchas «obras de arte» y no tantas «obras maestras»...
no es lo mismo. Podemos afirmar que la obra de arte es el producto final al que
nos conduce la actividad humana llamada arte; es el «lugar» donde se expresa lo
inmaterial de la realidad, la esencia de ésta, el ser en plenitud; es el
«desvelamiento» del Mundo, la expresión del todo, la «creación» de nuevos mundos,
la comunicación de belleza a través de las almas... es, en definitiva, un
maravilloso misterio y a la vez un maravilloso aspecto de la condición de ser
humano.

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